- Te das vuelta como podés, con la mitad del cuerpo atrapada y la otra entumecida y le pedís al chiquito de atrás (porque siempre un chiquito movedizo aterriza atrás tuyo) que no patee más. Se lo pedís en todos los idiomas y con todos los acentos. El pibe te ignora –naturalmente en todos los idiomas. La madre también. Cerrás los ojos y fantaseás con girar con la flexibilidad anhelada pero perdida, amenazarlo con todo el cuerpo y atarle las piernas al chico para que se deje de… patear! No importa, solo faltan unas 6,000 millas y como 7 horas 52 minutos de vuelo.
- Y a quien tenés al lado? A ese señor que no ha viajado nunca en avión. Aquel que le tocó pasillo pero que estira el cuello cual cisne y te tira el cuerpo encima tuyo – que parecés el chorizo del sándwich – para ver por la ventanilla. Vos, contorsionada, le lanzás una mueca mezcla de incomodidad y pudor, y él te devuelve esa sonrisa cargada de tímida emoción de debutante. Actos seguidos: te imita en todos tus movimientos. Prendes la luz y él la prende desde su control, apoyás tu vaso de agua, armás tu mesita, reclinás tu asiento, tomás los auriculares, te acomodás la almohada y allí esta ese hombre, como tu sombra, actuando tus movimientos con algunos segundos de delay… Y esa sonrisa buscando aprobación. Looking back, pienso: “Menos mal que no me descompuse… A ver si se le daba por imitarme!”
- Y quien no padeció alguna vez esta situación? Pasada una hora de vuelo sucede lo inesperado, lo inexplicable, lo unacceptable… falla el sistema técnico de pantallas personales, colapsan las mini TV’s, y con ellas sus películas, series, juegos, música, y demás variedades de entretenimiento. La panacea tecnológica interactiva simplemente muere. Casi simultáneamente, todos (sí, todos los pasajeros sin excepción) comienzan a presionar botones frenéticamente, a tirar de los cables del control remoto y casi a enojarse con este instrumento que cobra vida propia y se tiene que defender frente a las miradas amenazantes de los niños del avión. Luego de lo que parecen largos minutos, con cada intento fallido de reencendido, los rostros de los niños reclaman impacientes: esperar, resetear, reintentar no son ideas bienvenidas. Y bueno, habrá que leer, charlar con el de al lado, o dormir.
- El toilette del avión es un capitulo en sí mismo, comenzando por simplemente levantarse del asiento. Lo pensás varias veces: Es tal el deseo? O podría intentar resistir? Cuanto queda de vuelo? Ya que voy llevo todo: cepillo, pasta e hilo dental, peine, maquillaje… Pero volvamos al despegue del asiento, a volver a calzarse, a sortear obstáculos y pedir permiso para pasar, a no enredarse con la manta ni el cable de los auriculares, ni tirar el vasito que cuelga de un aro… Ni plantarle tu trasero en la cara al desconocido de al lado. Y allí te encontrás, en esa fila interminable, especulando de qué lado vas a quedar y detrás de quien vas a ingresar a ese cubículo indescriptible al cual accedés luego que alguien lidió por minutos para salir: tirando cuando había que empujar o presionando cuando había que deslizar, y egresando del mismo como si hubiese peleado una batalla contra un elefante. Entonces, una vez dentro del baño jugás como cuando niño a cuanto aguantás bajo el agua y empieza el tiempo de descuento para ejecutar y salir deprisa de ese lugar. Y olvidate de la limpieza dental, peinado, y maquillaje.
- Y quien no viajó al lado de un temeroso o supersticioso? Aquel que en estado post pastillita no lo podés mover cuando querés ir al baño. O alguien que se persigna cada vez que atravesás turbulencias. O el que comienza a contar historias que NO querés escuchar.
- Las raciones de comida vienen cada vez más pequeñas. Y están los insoportables que le piden a las aeromozas combinaciones de menues, como si estuvieran en un restaurant!
- Y está ese bebe a quien le pondrías un chupete… Y la mamá a quien le pondrías un bozal… Y no me olvido del chico que te patea al ritmo de lo que dicta su Ipod. Al que le atarías las piernas.
Por eso, cuando el piloto aterriza suavemente, yo aplaudo doblemente: en reconocimiento a su dedicada y delicada labor, y porque finalmente, felizmente hemos arribado a destino. Con todo lo que ello implica.
Espero hayan disfrutado el vuelo y será hasta el próximo encuentro.


JAajjajaajja… está genial. Y te diré que pasé por todas! Buenísimo. Un beso y buen regreso de vacaciones.
Por: Nomi el agosto 16, 2010
a las 12:06 am
Lauri, completísima tu descripción, aunque le faltó un capítulo propio de tu inexperiencia en ese área: LAS ESCALAS!!!
A veces, el momento de sacar el pasaje te hace pensar que no es nada una escala en otro país, otra ciudad, otro aeropuerto. Qué puede pasar por estar SIETE HORAS en Río, con los mil dólares que me ahorro en la diferencia de precio me contrato un taxi que me lleve a pasear por Río y que los chicos conozcan Copacabana, Ipanema, me tomo una caipirosca de maracuyá y la paso bomba! Pero el plan cambia en cuanto hacés el check-in. Si salís de la zona de tránsito tenés que hacer migraciones para salir y para volver (hora y media cada una), tenés que estar 3 horas antes de la partida de tu vuelo, pagar 60 dólares por cabeza de taza de embarque y…decidís quedarte, igual el aeropuerto de Río es gigante, está buenísimo, tiene muchos negocios y restaurantes, tenés ese libro genial que hará que 7 horas parezcan minutos. Pero no, no podés salir de la zona de tránsito. El único lugar para tomar algo es un bar de la mitad de tamaño de un kiosko y con un surtido similar al que habría en el de la isla de Lost.
En fin, disfrutá de tus 8 horas y media de vuelos directos, ya que siempre habrá algo peor.
Por: Alejandra el agosto 16, 2010
a las 6:32 am
Como me toca escribir después de Ale creo que es bueno aclarar que Laura SI ha experimentado el beneficio del ahorro de billetes en detrimento de las horas de escala…en fin Lau, ese es otro capítulo del post.
Estoy acompañando en una suerte de psicoprofilaxis a una familia que emigra a Canadá. Debido a que los niños son pequeños les sugerí a los padres que les aclaren lo que sucede en el baño cuando bajás el agua, tirás la cadena o como lo quieras llamar. No se les ocurrió algún sistema que no haga semejante ruido y movimiento estrepitoso!
Ahora voy a agregar en estas entrevistas la sugerencia de llevar entretenimiento a la antigua: libritos para pintar, cartas, simples hojas o libretitas para dibujar.
Yo finalmente agregaría en la lista a los insufribles que tienen los oídos tapados y no se dan cuenta y hablan a los gritos.
Por: Tamy el agosto 16, 2010
a las 2:03 pm
Gracias por hacerme acordar de los pormenores del viaje, que obviamente uno no los piensa cuando organiza o decide un viaje.
No quiero ni pensar las 24 hrsTel Aviv Bs As mas las 3 horas antes en el aeropuerto,mas las 2 hrs desde casa la aeropuerto…
Por: claudia Vidra el agosto 17, 2010
a las 11:54 am
Gracias por los aportes. Esto da para mucho! Y los vuelos ‘reprogramados’ de A Arg… Eso para otro post.
Por: Lau el agosto 17, 2010
a las 8:14 pm